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Food Explorers

Proezas épicas de vascos

La fama se la ganaron a pulso

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‘El vasco de la carretilla’ y ‘El vasco que hacía llover’, dos historias increíbles basadas en la cabezonería

 

A mediados del siglo pasado, la cabezonería vasca traspasó fronteras. El tópico se expandió por Argentina gracias a las increíbles historias de dos personajes.

 

El vasco de la carretilla

 

Corrían los años treinta del siglo pasado cuando en una reunión de amigos en Cerro Bagual —Argentina— dijo un vasco: “Yo podría ir a pie a Buenos Aires empujando una carretilla cargada con 200 kilos”.

Bastó con que alguien dijera: “¡a que no!” para que Guillermo Isidoro Larregui Ugarte emprendiera su viaje.

O al menos así lo atestiguan en Clarín.

La aventura duró 14 meses.

Empezó el 25 de marzo de 1935 cerca de Comandante Luis Piedrabuena y terminó en la capital el 24 de mayo de 1936. Allí se encontró con una multitud que lo homenajeó cubriendo de flores su carretilla.

Dicen que durante el recorrido gastó que 31 pares de alpargatas. Pero lo que más recordaría Guillermo Isidoro fueron los kilómetros recorridos en invierno y con nieve.

Las condiciones a las que se enfrentó el vasco —que tenía entonces 50 años— fueron durísimas.

Nada de eso le doblegó.

Viajar era todo lo que Guillermo Isidoro podía hacer.

Aunque hubo un tiempo en que vivió y trabajó en los yacimientos de petróleo de Cerro Bagual, la mayor parte de su vida la había pasado de aquí para allá.

Tras aquel logro histórico, Guillermo Isidoro nunca volvería a quedarse parado en mucho tiempo; él y su carretilla emprenderían más viajes.

Esta vez serían más largos.

Durante dos años caminó desde Buenos Aires hasta Bolivia.

Luego fue de Córdoba, Argentina, a Santiago de Chile.

Cuentan que su última aventura arrancó en 1943 y terminó —¡atención!— seis años más tarde en Puerto Iguazú (Misiones), lugar que se convertiría en su residencia definitiva.

Eso sí, ni siquiera allí perdió su costumbre de andar largos recorridos. Las memorias de la época dicen que hasta su muerte caminaba 15 kilómetros dos veces por semana.

 

El vasco que hacía llover

Pero Guillermo Isidoro no es el único caso de cabezonería vasca por el mundo.

A finales de 1930, la misma década en la que Laguerri emprendió su primera gran caminata, otro vasco copaba portadas de periódicos argentinos. Se trata del ingeniero Juan Baigorri Velar, quien aseguraba haber creado una máquina que hacía llover.

Muchos pusieron en duda sus afirmaciones y hubo quien lo acusó de fraude. Baigorri, no obstante, se lo tomó como un reto personal.

Demostraría a todos que allí llovía cuando él quería.

Con ese objetivo fijó una fecha, el 3 de enero de 1939, día en que se pronosticaba sol, en la que haría llover.

Dicho y hecho.

Sin embargo, y a pesar de haber demostrado en numerosas ocasiones el buen funcionamiento del invento, las autoridades argentinas no lo reconocieron.

En cuanto a Baigorri, él se negó a vender su invenció a otros países y murió en la pobreza.

Eso sí, nadie dirá que los vascos no cumplen sus promesas…

 

Ah, y por si quedaba alguna duda sobre el espíritu de superación de los vascos, mira este vídeo sobre las traineras bilbaínas:

 

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